GRECIA ANTIGUA
Para no irnos muy atrás en la historia, podemos situarnos en la antigua Grecia donde a los pequeños, que estaban destinados a ser guerreros, desde su infancia se los instruía en el arte de la caza. Se les enseñaba a escuchar, a observar, a desarrollar sus sentidos, si primeramente eras un buen cazador, estaba garantizado que serias un buen guerrero. Ejercicio, sacrificio, valor, coraje, honor, todas las características de un cazador. Toda una elite, un cazador era respetado y temido, se lo respetaba, escuchaba y se le obedecía.
LA TRANSFORMACIÓN DE LOS CAZADORES

¿Donde quedó ese espíritu de nuestros ancestros? Lamentablemente se fue transformando y muchos de los actuales cazadores solo buscan en la cacería, una actividad de recreación. En su mayoría son habitantes de grandes urbes, que descubren la cacería cuando su bienestar económico se lo permite, lo que generalmente ocurre en su madurez. Consideran al esfuerzo como un castigo y pretenden hacerlo con toda comodidad. Con servicios de hospedaje, buena gastronomía y de ser necesario un vehículo todo terrenos para perseguir las presas esquivas. Estos seudo-cazadores actúan como si hubieran pagado la entrada de un espectáculo y pretenden que este se realice de tal forma: “si pago debo cazar”.
LA TRANSFORMACIÓN DE LA CACERÍA
Si los cazadores se transforman, en consecuencia se van transformando las modalidades de la cacería. Los nuevos cazadores que han pagado por sus vacaciones cinegéticas, exigen que los resultados estén garantizados. Que las presas estén en lugares determinados, que bajen a la aguada y saber de antemano si logrará una buena presa. Esto conduce a la cría artificial de animales, que antes fueron salvajes y se convierten en domésticos, contenidos por cercos y alambrados. Sueltas controladas de ejemplares, donde se controlan sus movimientos para poder garantizar el éxito de la cacería. Así se acaba con la emoción de la caza, «la incertidumbre», «la escasez», “la sagacidad”. Nosotros los verdaderos cazadores debemos resistir esta tendencia, y remarcar los lineamientos éticos de esta actividad. No permitamos que se termine encuadrando a la caza como una simple actividad de tiro. Por tal motivo venimos bregando que la caza debe salir de los asados entre nosotros mismos y de torneos organizados para un grupo de gente que somos siempre los mismos, no escondernos en los quinchos, debemos ir tratando de lograr la aprobación pública de la misma, demostrar que la caza no es una mala palabra. Cunden los buenos ejemplos, como en Estados Unidos y África, donde se realizan programas formativos en las escuelas, se desarrollan políticas activas de conservación, se realizan proyectos de investigación sobre fauna y sustentabilidad, etc. etc.
F. Rodríguez